Entonces, si las reformas laborales que se están imponiendo en la mayoría de los países de occidente, forman parte de un paquete mas amplio de reducción de costos,  que se incluye también reducir costos de mantenimiento, planta, equipo, investigación y desarrollo etc;   entonces su efecto sobre la economía física es igualmente devastador.
La creencia de que el “balance contable” de una empresa , o de una nación, significa que esta empresa es solvente y prospera, es el principal error o falla ideológica de la economía que se enseña en las universidades de todo el mundo en la actualidad. La supuesta “sanidad financiera”, implica siempre la destrucción física de las naciones y de las propias empresas.
Eso lo podemos ver muy claramente en este momento en los países europeos, especialmente en España, una nación que empieza a sufrir un proceso de desintegración como nación al revivir se las tendencias separatistas en Cataluña.   También podemos verlos aquí en México, un país que después de tener, supuestamente más de 20 años de “finanzas sanas”;  enfrenta la peor crisis de violencia, tiene cerca de 25 millones de desempleados y una severa crisis social; además de la triplicación de la deuda federal, estatal y municipal.
Las políticas de austeridad — de las cuales forma parte la reforma laboral–,  canibalizan siempre a la economía física y a la población.  Los economistas que suponen lo contrario se identifican con el nombre genérico de “Chicago Boys”, aunque ese nombre se utilizó para el caso particular de los enviados a Chile después del golpe de estado de Pinochet en 1973.   Esa mentalidad prevalece en la mayoría de los universidades de “prestigio”, como es e caso de ITESM, el ITAM, o la Ibero.  Ahí se forman a virtuales “asesinos de cuello blanco”, que en aras de mantener los dogmas monetaristas y la supuesta salud financiera de una empresa o de una nación, terminan destruyéndola.
En el caso de la reforma laboral que se pretende imponer en México, su definición precisa es la de  “cruel e infame”; porque simplemente dejara a los trabajadores sin derecho a ningún futuro;  sin atención medica y con salarios con los que es imposible sobrevivir. Conducirá, como dijo correctamente López Obrador, a “generar rencores y resentimientos” sociales, y por supuesto, a estallidos sociales también.
(Continuará)

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