Por Benjamin Castro

Decíamos que tantos los organismos privados nacionales como las instituciones financieras internacionales, están exigiendo a Enrique Peña Nieto, la imposición de un programa de shock económico y financiero, del cual la reforma laboral es sola la primera parte.

Después vendría, como ya lo anuncio Luis Videgaray en Nueva York este jueves;  la reforma energética para poner a PEMEX directamente en las manos de loso especuladores financieros y las compañías petroleras trasnacionales. Precisamente las mismas compañías a las que les arrebatamos el petróleo con la expropiación de 1938.

Peña Nieto quizá puede entender que todos estos pasos que le están pidiendo dar, harían de su presidencia un gobierno sumamente impopular y hasta odiado. Sabe también que si acorrala a los trabajadores;  sobre todo a los trabajadores jóvenes, al condenarlos a vivir con salarios miserables y sin ninguna posibilidad de progreso y prestaciones sociales, entonces esto podría estallar.

Es cierto  que sus colaboradores como Videgaray o Osorio Chong,   no parecen ser  muy brillantes,  pero necesariamente han de poder entender que los resultados político de un programa se shock económico son siempre los estallidos sociales, las huelgas etc. sino lo entienden solo  tienen que  voltear a ver cualquiera de los países de Europa en este momento.

Es evidente también que el equipo de Peña Nieto ha decidido irse por el camino de hacer  malabarismos: Tratando de complacer a los poderes financieros   –como por ejemplo con la reforma laboral que se partido apoyo–, pero al mismo tiempo procurando no fomentar mas el descontento y la tensión social. Por eso esta recurriendo a figuras –muy desprestigiadas por cierto—de la izquierda como Rosario Robles, Rene Arce etc.

Peña Nieto y su equipo piensan que esos izquierditas  les ayudaran diseñar “políticas públicas”, que destensen a la sociedad mexicana.  Para eso también enviaron las inactivas anti corrupción y las que tienen que ver con la compra de tiempos en las campañas, al congreso federal.   Estas medidas cosméticas, no puede ocular la realidad fundamental que vive el país y que es, precisamente, la aplicación del programa de shock que Peña Nieto y su equipo quieren administrar sin salir raspados y, obviamente, sin perder el poder.