Por Benjamín Castro

Decíamos que el gobierno de Enrique Peña Nieto se enfrentara a dos fuertes presiones opuestas: las de los organismos financieros internacionales y la oligarquía doméstica, por un lado; y por el otro al tremendo descontento popular fruto de la tragedia sangrienta que hereda de Felipe Calderón. Quizá Peña Nieto y su grupo pretendan maniobrar entre las dos fuerzas y complacer a ambas, pero eso no podrá funcionar.  Este gobierno heredará una situación financiera hecatombita, con una deuda del gobierno federal casi triplicado y dependiente, como el adicto a la heroína, del pinchazo  diario de “inversión extranjera en cartera”, es decir, especulativa. Si en un momento dado la llegada de capitales especulativos se detiene, todo lo demás se derrumba. A esto hay que agregar la escasez mundial de alimentos, especialmente de granos básicos como el maíz y el trigo, cuyo precio sube como la espuma. El país no los produce. También debemos agregar el cuello de botella en la distribución de gas natural, que hace que las “alertas criticas” de PEMEX, pidiéndoles a los industriales que paren la producción,  irán incrementando. Calderón dejó de invertir en todo y detuvo el crecimiento en todo lo que es básico para la nación.  Este panorama se debe siempre contraponer al panorama mundial; al derrumbe general de Europa, al derrumbe de los Estados Unidos y a los primeros síntomas de que China, Rusia e India –junto con Brasil—empiezan a decaer.  Obviamente, un cuadro así indica también un peligro de guerra general, como ya lo estamos viendo en varios puntos del mundo, y ahora se agrega el ataque de Turquía, que en realidad es la OTAN, en contra de Siria, un aliado de Rusia y China. Pretender “maniobrar” en un contexto así es, francamente, una mala idea. Es mejor, si el equipote EPN si no  entiende nada mejor o superior, recurrir el principio de la soberanía nacional, buscando poner a México en condiciones de resistir, como nación, a lo que será, sin duda, una catástrofe global.   Usando esos mismos principios se puede también buscar que las grandes potencias y el mundo en general, busquen una solución, una forma de sustituir el actual sistema financiero en bancarrota.

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