No es mero “centrismo”, lo que Enrique Peña Nieto ha decidido utilizar como estrategia política. Es decir, no se trata solamente en mantenerse en el “centro”, dentro de las tendencias políticas. Su pretensión es más bien bonapartismo, es decir, la idea de que se puede ignorar o hacer poco caso a las exigencias del imperio global si estas exigencias le significan problemas políticos internos.

Esa es la forma en que está actuando frente a la reforma laboral que el imperio financiero, dominado por Londres, le está exigiendo a México, junto con otras reformas, como condición para la llegada de la inversión extranjera en cartera, que es la que mantiene a flote, financieramente, al país.

Peña Nieto y los otros priistas como Manlio Fabio Beltrones, hicieron, paradójicamente, que fuera el propio PAN el que frenara la reforma dando el pretexto perfecto para que esta perdiera “su calidad de iniciativa preferente”, como lo señaló Beltrones y, por lo tanto, pasara a la congeladora o pudiera ser sustituida por una nueva reforma menos cruel que enviaría al congreso Peña Nieto una vez que tome el poder el primero de diciembre.

Si esto sucede, seguramente será una ley que incluya todas los elementos “asiáticos” de la reforma calderonista, pero también llevará incluido algún “ungüento” para que a los trabajadores no les duela tanto el golpe.

De esa misma forma seguramente también tratará de actuar Peña Nieto respecto a otras reformas que le exigen los poderes financieros, incluyendo la reforma energética y la reforma fiscal. Por supuesto, si estos poderes financieros reclaman “indisciplina” por parte de Peña Nieto y le “echan el caballo encima”, seguramente Peña Nieto retrocederá y se dará cuenta que aquel que es bonapartista termina siendo un servidor de la oligarquía a la que pretende ignorar, por la sensación falsa, de que el poder presidencial puede enfrentar y nulificar a cualquier otro poder.

En México, el estado mexicano hace mucho que perdió la soberanía política y recuperarla significaría regresar el camino andado desde 1982 a contracorriente de por dónde van los países occidentales que caminan hacia el abismo.