Por Maria Luisa Gomez
Tanto el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens como el secretario de Hacienda José Antonio Meade y junto con ellos el equipo de transición del presidente electo Enrique Peña Nieto, se mostraron atemorizados por lo que pudiera significar para México el llamado “precipito fiscal” que enfrenta los Estados Unidos a partir del primero de enero. Se trata del enorme peso de la deuda del gobierno norteamericano que puede causar, en ese país, una nueva “recesion” en el 2013, y ello afectar, según dijo Carstens, “el crecimiento y las exportaciones” de nuestro país.
Estados Unidos tiene, en este momento, una deuda que equivale a casi un 73% del Producto Interno Bruto (PIB), es decir, que tiene una deuda parecida a la de los países europeos mas endeudados. Según los acuerdos tomados por el Congreso el año pasado, a partir del 2013, el gobierno tiene que aplicar recortes en su gasto equivalentes a un 3.5 o un 4% del PIB.
Según Carstens, si esos recortes se realizan “súbitamente”, su efecto será devastador para México. Por esa razón, explicó el gobernador del banco central, existen “focos rojos y focos amarillos” puesto que esto “podría afectar a nuestra economía y nuestro sistema financiero”.
Es por esta razón que, por otro lado, el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, anunció que la “línea de crédito flexible” que se tiene con el Fondo Monetario Internacional (FMI); va a ser renovada y tiene “el apoyo del equipo de transición” de Peña Nieto. Meade explicó que se trata de una línea de crédito de 73 mil millones de dólares que se utilizarían en caso de una situaron de emergencia como podría ser la del impacto de la economía norteamericana sobre nuestro país.
Una caída súbita de los ingresos petroleros es una posibilidad, debido a que se consumiría menos petróleo y éste bajaría de precio durante el próximo año. Carstens dijo lo mismo sobre la línea de crédito y señaló que incluso “podría ser renovada antes del 1ro de diciembre”, cuando inicia el nuevo gobierno.
Como parte de estos preparativos, el gobernador Carstens llevó a cabo una “celebración”, de los 40 años de la crisis financiera de México en 1982, y en ella reunió a los secretarios de Hacienda que ha habido desde entonces, con el objeto de demostrar que México salió adelante “aun cuando en aquel momento nos quedamos sin fichas”, es decir, en bancarrota, según explicó Jesús Silva Herzog, entonces secretario de Hacienda.
Se habló también de la crisis de deuda de 1994-1995, en donde se presentó una situación similar que fue manejada por otros funcionarios y con el apoyo del gobierno de los Estados Unidos en aquel momento. La reunión, en donde estuvieron los ex secretarios de Hacienda como Pedro Aspe, José Ángel Gurría, Guillermo Ortiz, Francisco Gil Díaz, Ernesto Cordero, y el actual José Antonio Meade se realizó en el Palacio Nacional y se dijo ahí que, fueron esos funcionarios, los que “salvaron el crédito de México”, tratando de implicar que, si volviera a ocurrir otra crisis así, lo volverían a hacer.
El llamado “precipicio fiscal” de los Estados Unidos, significa únicamente que ese país entrará en una situación similar a la que enfrentan países como España, Grecia, Italia, Inglaterra, Portugal etc.
Es decir, el gobierno de ese país será obligado a imponer sacrificios similares sobre su población y sobre su economía, causando una parálisis y un enorme desempleo. Dado que México realiza el 90 % de sus exportaciones a los Estados Unidos, podría ser una de las naciones más afectadas por esa nueva “recesión” de los EU.