Por Juan José Mena Carrizales.

Del 16 al 19 de noviembre se lleva a cabo la campaña de “El Buen Fin” impulsada por Felipe Calderón. Se realizará el adelanto del aguinaldo de los trabajadores de la Administración Pública Federal, se ofrecerán descuentos en establecimientos comerciales para estimular el consumo, así como ofertas de crédito de nómina, vía Fonacot, y promociones de tarjeta de crédito bancario y departamentales. Ésto encuadra en una visión del consumismo keynesiano, dónde para fomentar el crecimiento económico se considera que es necesario “estimular la demanda”.

La Asociación Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), dió a conocer que durante el 2011, el primer año en que se realizó esta campaña, las ventas representaron 20,000 millones de pesos para los socios de la ANTAD, básicamente en productos de electrónica, línea blanca y electrodomésticos.

Sin embargo, la propia Asociación de Banqueros de México (ABM), así como la Condusef, recomiendan prudencia ante el endeudamiento que puedan tener los consumidores por encima de su capacidad de pago.

Justamente, se realiza en México, la reunión de los secretarios y ministros de finanzas de las 20 economías más grandes del mundo. Y el tema es lo que llaman el “precipicio fiscal de los Estados Unidos”. Se espera que 600 mil millones de dólares sean recortados, o una parte obtenida por medio de mayores impuestos, lo cual detendría el supuesto “crecimiento” que tuvo la economía estadounidense desde 2008.

El 1 de enero de 2013, termina la exención de impuestos que se había implementado desde el gobierno de G. W. Bush, y el nuevo gobierno estadounidense cuya elección comienza el día de mañana se enfrentará a la deuda más alta que cualquier país sobre la Tierra tiene 16.4 billones de dólares de deuda.

Lo más lamentable de estas reuniones del G-20, es que sólo se analizan los aspectos financieros, desde el punto de vista de los acreedores y bancos internacionales, y el efecto que tiene un incumplimiento, aunque fuera parcial, de la deuda. Se dejan de lado los criterios que estudian la mejora de la economía física, en cuanto al aumento de la producción de bienes y la elevación de los niveles de vida de la población, pues se consideran que éstos actuarán de manera automática, bajo los esquemas de libertad del mercado, sin embargo, ésto no ocurre así.

En México, Peña Nieto y su intermediario con los mercados financieros, Luis Videgaray, han manifestado que impulsarán las llamadas “reformas estructurales”, lo cual aunado, al “precipicio fiscal estadounidense” y el derrumbe financiero europeo, presagia la tormenta perfecta para el gobierno de Peña Nieto.

De lo anterior, les recomendamos, por ahora no ser víctima del consumismo y la propaganda televisiva y ser muy prudentes con el uso del crédito al consumo, tarjetas bancarias y el aguinaldo. En futuras entregas iremos más a fondo sobre el tipo de políticas que deben ser abordadas desde el Estado, para enfrentar la crisis en marcha.

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