Por Benjamin Castro

Cinco años son casi lo que dura un sexenio en México, porque el presidente pierde buena parte de su poder al último año de su gobierno cuando ya existen los candidatos presidenciales y cuando, a mediados de éste, ya se conoce al sucesor. Al menos así ha ocurrido hasta esta última vez. Si los pronósticos de Ángela Merkel – el canciller alemán— son acertados, quiere decir que en esos 5 años no habrá prosperidad para Europa ni para nadie. Eso quiere decir también que Enrique Peña Nieto, no podar revertir la tendencia que lleva la economía mexicana hacia el estancamiento o hacia el decrecimiento. No podrá contar con grandes recursos puesto que la caída de Europa va junta con la caída de los Estados Unidos el país que se hunde en lo que ahora llaman “un precipicio fiscal”. Nosotros aquí en México somos, gracias a los gobiernos post 1982, un mero apéndice de la economía norteamericana a donde se dirigen el 90% de nuestras exportaciones empezando por el petróleo. Si ese país se frena “nosotros nos vamos de hocico”, como se dice coloquialmente. En esos 5 años, si la señora Merkel acierta, nos va a pasar eso. Es decir, del 2012 al 2017, por lo menos. El gobierno de Peña Nieto, por lo tanto, no será uno de prosperidad ni de realizaciones, sino uno de estancamiento y estreches. Eso lo sabe la oposición, especialmente en el campo de Andrés Manuel López Obrador. Si este dirigente logra promover un programa de emergencia alternativo frente a lo que Peña Nieto piensa hacer, es decir, la continuidad del programa globalista, entonces obtendrán grandes ventajas políticas. Es lo que iremos viendo en los próximos meses. Mientras que Peña Nieto avanzara sobre el camino de “las reformas que México necesita”, López Obrador simplemente tendrá que denunciar que estas no generan progreso ni empleo y ofrecer por lo tanto una política alternativa para con ello ir creando una situación de poder dual frente al priista. Ese es el escenario más probable para el país en el 2013.