Por Benjamin Castro
Las condiciones de 1925 y las actuales son muy similares. En aquel año los Estados Unidos entraban de lleno en la depresión después de la orgia especulativa de “los fabulosos 20s”. En este 2012, ese país tendrá que pagar la burbuja especulativa de los años 1990 y 2000 y los rescates bancarios por varios billones de dólares, en la forma de un “precipito fiscal”, es decir; reducciones en el gasto público y aumentos de impuestos que serán un golpe severo para la economía ya de por si paralizada por las diversas burbujas especulativas y la falta de crecimiento físico real.
México fue convertido en un apéndice de la economía norteamericana y depende absolutamente de lo que pase en ese país. Si ya de por si el país del norte crece menos de 2%, y puede todavía decender mas; eso quiere decir que en México pagaremos las consecuencias con la caída de las exportaciones de petróleo y de las autopartes –las mismas que representaron un fabuloso boom de exportaciones en los últimos años– . El gobierno de Enrique Peña Nieto se iniciara, precisamente un mes antes del llamado “precipicio fiscal” norteamericano. Peña Nieto tiene necesidad de generar crecimiento económico y empleo para poder legitimarse, dado lo dudoso de su triunfo por la vía de la compra del voto a gente menesterosa y despolitizada.
Seguramente intentará todo para lograr esos dos objetivos, pero enfrentará el desplome de la economía norteamericana y un país, desgraciadamente, completamente adicto al mercado norteamericano.
Eso va a generar muchas convulsiones políticas y muchos acontecimientos que en este momento son impensables. Entraremos en una zona de turbulencia política y económica. Plutarco Elías Calles lo resolvió con sangre, no sabemos como lo intentara resolver Peña Nieto, ojalá y no de la misma manera, sino buscando amortiguar la depresión internacional con crecimiento interno y medidas económicas independientes del FMI, la OCDE, el BID etc.