Por Benjamin Castro

Los secuaces del especulador del imperio británico George Soros están cacareando que la aprobación de los votantes de los estados de Colorado y Washington de la total legalización de la marihuana, con el apoyo del gobierno de Obama, va a sentar el precedente que se necesita para “allanar el camino para que le sigan el resto del país y del mundo”. La aprobación de estas leyes, junto con el respaldo del presidente Obama a las “negociaciones” con el principal cartel de la cocaína en Sudamérica, las FARC de Colombia, constituyen una amenaza inmediata para la seguridad de Estados Unidos y del hemisferio.

El sicario de Soros, el director de la Alianza de Política sobre Drogas, Ethan Nadelmann, se adjudicó la autoría de la redacción, financiamiento y organización de las iniciativas que convirtieron a esos dos estados en “la primera jurisdicción política en el mundo que aprueba la regulación, aplicación de impuestos y control de la marihuana, similar al alcohol”. Sin embargo, Nadelmann señaló en el comunicado que dio a conocer hoy, que la diferencia con la derrota de hace dos años en California había sido el “notable” silencio de los funcionarios del gobierno sobre las iniciativas a favor de la legalización.

El 15 de octubre, los nueve directores de la Administración de Control de Drogas (DEA, por sus siglas en inglés), todos los últimos funcionarios antidrogas de 1989 hasta el 2008, junto con otros, exigieron que el gobierno se pronunciara en contra de las iniciativas de legalización en una conferencia telefónica sin precedentes con periodistas. Cuando Dennis Small de la Executive Intelligence Review sacó la “papa caliente” en esa llamada, de que el apoyo de hecho a la legalización de las drogas del gobierno de Obama provenía del dinero del narcotráfico, incluyendo el que le canalizó George Soros, que financiaron su campaña presidencial en el 2008 y en el 2012, nadie se atrevió a refutarlo. (Continuará)