María Luisa Gomez

Tan falsas y sesgadas como sus cifras sobre desempleo, el INEGI ha publicado otras con motivo de los últimos días de gobierno de Felipe Calderón: las de inflación y la de “índices de bienestar subjetivo. Según estas, los mexicanos somos más felices y estamos más satisfechos de nuestra situación a pesar de la mayor pobreza, desempleo y menor tiempo libre. Todo esto mientras la inflación “tiende a disminuir”., ya, en la primera quincena de noviembre  alcanzo un nivel anual de 4.36%, muy cerca de las expectativas del gobierno de dejarla en “mas-menos 4%”.   Según el INEGI la inflación ya tiene “tres quincenas consecutivas”  bajando y de la ultima quincena de octubre a la primera de noviembre habría bajado un 0.79%.  Por supuesto, el INEGI confecciona estas alzas en la inflación en base a bajas de precio en artículos como el “tomate,  los servicios de celular, el frijol, el huevo, la papa, la naranja”, que habrían bajado alrededor un 10% o mas. Sin embargo, al mismo tiempo, otros artículos fundamentales para la sobrevivencia de los mexicanos como,”la leche,  la electricidad, la gasolina magna (o de “bajo octanaje”),  la carne de res, la vivienda, el gas domestico etc.”, o el atún –única fuente de proteína para muchas familias mexicanas– que se ha disparado de los 9 0 10 pesos a los 14.50 en los últimos días,  habrían aumentado.   El INEGI confección sus  índices de inflación al contrastar la reducción en productos casi siempre baratos, los que seguramente el gobierno subsidia a través de las cadenas de tiendas y los intermediarios urbanos; para poder así generar, como resultado,  índices bajos de inflación al compararlos con el alza continua de otros productos que no puede controlar de esa forma y que son indispensables para los mexicanos.  EL INEGI se aproxima asi a la famosa inflación creada por los últimos gobiernos de Estados Unidos la “energy free”; es decir el índice de inflación que no toman en cuenta el alza constante de los energéticos y otros productos “volátiles”, del mercado.

En cuanto a los índices de “bienestar subjetivo” — algo parecido ala felicidad, dice — , el INEGI anuncio desde agosto que “para el mes de octubre”, presentaría su primer reporte. Fue hasta esta segunda quincena de noviembre cuando Eduardo Sojo, director del organismo,  anuncio que dado que los países de la OCDE ya habían producido un “índice de felicidad” de su gente, empezando por Inglaterra;  se ha hecho uno en México, después de mucha discusión y hasta de una conferencia internacional de expertos que “incluyo a dos premios Nobel”; y había dado como resultado que un 83.7% de los mexicanos decían  sentirse “satisfechos” o “moderadamente satisfechos”, por su existencia debido a una buena “vida familiar”,  o “salud”, o “vía afectiva”;  así como por su “apariencia” y su “autonomía” de vida.  Obviamente, quienes mas dijeron sentir esa satisfacción fueron los jóvenes,  entre 18 y 29 años de edad, mientras que los de entre 45 y 59 –la mayoría ya con matrimonio y familia y responsabilidades que asumir—, no manifestaron la misma “satisfacción”   la que el INEGI equipara con la “felicidad”.  El INEGI asegura haber entrevistado a  10, 654 personas, las cuales, cuando se les pregunto sobre su situación económica;  sobre el tiempo disponible del que gozan;  por su vivienda y por la educación que recibieron o reciben;  manifestaron todo lo contrario y no esta satisfecho.  En pocas palabras, que INEGI quiere hacer creer que la gente, viviendo en peores condiciones vive mas feliz, cuando lo que es obvio es que se refugia en las relaciones familiares para obtener au ahí la felicidad que la vida diaria y el trabajo no le brindan.

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