Por Benjamín Castro

Ahora que se acerca la toma de posesión del presidente Enrique Peña Nieto este primero de diciembre; algunos se preguntan si la oposición, liderada por Andrés Manuel López Obrador va a causar disturbios o si puede desestabilizar al país y al nuevo gobierno.

Quienes dicen temer esto son los mismos que durante años han calificado a AMLO como “un peligro para México”. Lo contrario parece ser la realidad. AMLO tuvo al país en vilo durante varias ocasiones en estos últimos 6 años y en todo momento prefirió optar por acciones civilizadas, todas ellas dentro del marco de la ley. Incluso el plantón de Reforma, allá en la Ciudad de México, el que tanto se le ha criticado, resulto ser inofensivo, ya que solo acarreo algunas pérdidas monetarias pero no desembocó en disturbios ni en violencia. No hay que olvidar que los mexicanos vivimos en un mundo en donde conflictos similares, los que desencadena el programa económico llamado “neo liberal”; ha causado, en la mayoría de los casos, disturbios callejeros, violencia y hasta guerra civil como estamos viéndolo ahora en Egipto. Quiérase o no, AMLO ha jalado el descontento hacia la protesta pacífica, hacia la vía electoral y ahora hacia la vida partidista. Es difícil suponer que decida tirar esto por la ventana e irse a la confrontación con el nuevo gobierno. AMLO ha decidido, y así lo ha manifestado, caminar por la vía legal y la electoral por todo el tiempo que sea necesario y a diferido públicamente con los que proponen “la vía armada”, para resolver los problemas causados por el neo liberalismo. Podemos decir que en México tenemos una oposición muy civilizada, que puede ser estridente y de línea dura, pero que finalmente se mantiene dentro de los cauces de la legalidad. Es tiempo de reconocer esto.