Por Benjamin Castro

Decíamos ayer, que no importa cuantas y que tan grandes sean las inclinaciones y las intenciones de Enrique Peña Nieto de llevar a cabo las políticas neo liberales y convertirse en el “presidente de las reformas estructurales” en México; la propia situación de la crisis mundial y su impacto sobre nuestro país, hará añicos cualquier idea o fantasía sobre lo que piensa lograr yéndose por ese camino. Si piensa que va a generar empleos sucederá todo lo contrario. Si piensa que va a lograr crecimiento, la economía se va a colapsar en realidad. Si piensa que va a atraer inversión extranjera a raudales; en realidad enfrentara una “sequía financiera global”.

Si piensa que ganara el apoyo y el reconocimiento de la ciudadanía que le permitan legitimar su gobierno tan cuestionado por la compra de votos, en realidad va a generar una reacción opuesta. Por lo mismo, quizá a mas tardar en el 2014 , el equipo de Peña Nieto ya estará “pensado dos veces” si es bueno seguir por el mismo camino que iniciaron Miguel de la Madrid y Carlos Salinas en los años 80s; que continuarán fielmente Zedillo , Fox y Calderón; y que ahora los peñanietistas han decido también continuar. Ese camino no les rendirá ningún fruto porque el mundo estará sumido en una depresión o en los inicios de ella y el liberalismo económico y la excesiva dependencia de la inversión extranjera serán un lastre y no una herramienta para el gobierno. Políticamente la credibilidad de Peña Nieto y su equipo se desmoronara y quizá muchos de ellos no resistirán la situación y empezaran a cometer errores y dar tumbos. En una situación así, y solo en una situación así; es que es posible pensar en un llamado para un Pacto Nacional contra el Neoliberalismo y en Defensa de la Economía nacional y la Soberanía. La base de este acuerdo será el que todas las fuerzas conjugaran sus esfuerzos en mantener el crecimiento, el desarrollo económico y la generación de empleo; y que se hará todo o que sea necesario para lograrlo; incluyendo medidas imaginativas y heterodoxas que podrían contradecir e incluso “violar”, los dogmas económicos que han prevalecido en los últimos 30 años. (Continuará)