Benjamin Castro

Dos Presidentes en turno se les unieron, primero y principalmente el Presidente de Colombia, Juan Manuel Santos, un orgulloso discípulo de su buen amigo y asesor Tony Blair, y el Presidente de Guatemala Otto Pérez Molina, controlado por la condesa Feilding.

La propaganda de la Fundación Beckley resalta que el Presidente Bill Clinton también se unió a esta campaña. En una entrevista para la película, Clinton renegó de una decisión clave que tomó siendo Presidente, de rechazar el acuerdo de Wall Street para legalizar al cartel narcotraficante de las FARC —que fuera negociado en junio de 1999 por Richard Grasso, presidente de la Bolsa de Valores de Nueva York, con el respaldo de la gente de Madeleine Albright en el Departamento de Estado— y en vez de eso proporcionar al gobierno de Colombia el respaldo necesario para recuperar el control soberano de su país, que estaba en manos del narcotráfico. El “Plan Colombia” adoptado por Clinton, que ahora el afirma que no funcionó, salvó a Colombia de la inminente desintegración que enfrentaba.

Rusia, y en particular, Victor Ivanov, su director antidrogas, se señala en la película como la mosca en la sopa de la estampida global a favor de las drogas, por la presión que está haciendo para que Estados Unidos y otras potencias de occidente adopten una posición dura en su política contra las drogas como la clave para ayudar a Afganistán. Ivanov afirma en una entrevista que se incluye en la película que, las potencias de occidente, junto con Rusia, deben emular el exitoso programa del Plan Colombia. Esta presión de Rusia, que ha sido tomada con aprecio por sectores claves dentro de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos, enfurece a los productores de la película, en la cual funcionarios del ejército británico que habían sido desplegados a Afganistán, denuncian molestos la mera idea de atacar su tráfico de opio.