Por Andrés Manuel López Obrador

En apego a la teoría política, en México no hay democracia, existe un gobierno de pocos, una oligarquía

En nuestro tiempo no manda un dictador, el presidente en turno o un partido; ahora el poder está en manos de 30 personajes, entre los que hay “hombres de negocios” y políticos del PRIAN, bajo la coordinación de Carlos Salinas como jefe del supremo poder oligárquico y conservador.

Es evidente que estamos ante algo muy distinto a las antiguas formas de dominación que han habido en la historia de México. Por ejemplo, en 1909, el periodista John Kenneth Turner, en su libro

México Bárbaro, sostenía que el porfiriato era “el régimen dictatorial personalista más perfecto” que existía en la tierra. Posteriormente, don Daniel Cosío Villegas definió a los gobiernos surgidos de la Revolución Mexicana como “monarquías sexenales hereditarias”. Mario Vargas Llosa llamó al régimen del PRI “la dictadura perfecta”. Y, ahora, a juicio nuestro, en México oprime y domina una oligarquía rapaz. Oligarquía, con apego estricto al significado etimológico y aristotélico, porque se trata del “gobierno de pocos”, y rapaz, por la voracidad desmedida de quienes integran este poder absoluto.

Un rasgo característico del actual régimen oligárquico, es que en el ejercicio de sus funciones, el presidente de la República es un subordinado y sus facultades se reducen a la formalidad. Ahora quien ocupa ese cargo, no es más que un empleado de la élite dominante, un pelele, una persona cuya utilidad es meramente escenográfica. ¿O no es acaso eso Peña Nieto?