Por Benjamín Castro
Según las declaraciones del ex gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, y según la documentación que presento a la Corte de La Haya, para sustentar un juicio en contra de Felipe Calderón, la guerra que este llevo cabo contra el narcotráfico fue, cando menos, inútil; pero si se le busca, podría haber sido en realidad favorable para este. Si murieron más de 100 mil personas inocentes—996 niños dentro de ellas—y los diferentes carteles solo reconocieron haber tenido unas 1306 bajas por prisión y por muerte; quiere decir que la guerra en realidad los fortaleció, porque no tuvieron grandes pérdidas y la inmensa mayoría de los muertos pertenecían a la gente común. Obviamente, la estrategia de Calderón era incompetente, pero también pudo haber sido deliberada; un simple programa de despoblación; de reducción de la población, sobre todo en los sectores populares y de nivel social más bajo. Ahí ocurrieron más del 90% de las bajas. Calderón podría haber sido complica y administrador de un programa de genocidio inspirado en ideas económicas maltusianas, un programa de despoblación. Si las armas estaban siendo enviadas desde los Estados Unidos por los gobiernos de Bush y de Obama, para ir a parar a manos de los carteles de la droga; quiere decir que también desde ese país había una intención genocida: Se le dio poder de fuego a los carteles de la droga y el gobierno de Calderón les permito avanzar y fortalecerse, como ahora lo prueban las cifras y lo acaba de declarar el nuevo procurador Jesús Murillo Karam. Así que estamos frente a un escenario en cierta forma sencillo: Bush y Obama armaban a los carteles para darles poder y fuerza, mientras fingían combatirlos; y dentro de México Calderón los combatía mal, haciendo gran alharaca, pero sin golpearlos efectivamente. Mientras tanto los carteles se dedicaban a matar, a organizar el exterminio masivo de jóvenes de los barrios populares, de migrantes etc. (Continuará)