Por Benjamín Castro

Si algunos piensan que la incoporación de figuras como Luis Videgaray o Herminio Blanco al escenario política nacional y al poder, quiere decir que el gobierno de Enrique Peña Nieto sera “salinista”; hay un elemento todavía mayor que esos dos que así lo indica y es el regreso del zapatismo con toda la atención de los reflectores, para confeccionar una “oposición ad hoc” , intentando desplazar y debilitar la presencia de López Obrador y su movimiento, así como la de cualquier oposición seria que pudiera surgir. El mismo día en que buena parte de la civilización occidental, dominada por el irracionalismo había escogido para que ocurriera “el fin del mundo”; reaparace en nuestro país y en la misma región maya, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN); portando una”misiva”, tambien irracional, enviada, presuntamente, por el “Sub Marcos”. Marcos, se había vuelto una figura inocua, que deambulaba por el DF buscando entrevistas periodísticas y llamar la atención; después de que fuera arrasado políticamente por las movilizaciones masivas encabezadas por Andres Manuel López Obrador; reaparece ahora de nuevo como, si fuera una estrella que hubiese pasado a un retiro temporal de los escenarios para regresar buscando promover una nueva película. En 1994, cuando Carlos Salinas metió al país de lleno al liberalismo y la globalización, patrocinó también el surgimiento de una oposición irracionalista a su gobierno. Una corriente que planteaba que la manera de defender a México de la globalización colonialista era la de, precisamente, reivindicar y glorificar el atraso y la miseria en que el mismo colonialismo ha mentenido a los indígenas no sólo de México sino de todo el mundo. Este visión idílica de la miseria en que se debaten los pueblos indígenas del país, “los del color de la tierra”, y el romanticismo irracionalista de sus proclamas en contra de la globalización y el liberalismo, hacen de Marcos y el EZLN la oposicion perfecta para este, en un intento de desplazar así al movimiento de López Obrador. Marcos y el EZLN haran las funciones como el proverbial “tongo” o “bulto”, es decir, el boxeador que sube al ring solo para ser derrotado por el adversario en una pelea arreglada de antemano.