Por Benjamin Castro

El ITAM, la institución que a decir del ex secretario de gobernación Alejandro Poiré  “podría tener la bancada más grande en el congreso”, si se contaran a sus exalumnos, tiene también una buen representación en el actual gobierno de Enrique Peña Nieto, empezando por el secretario de hacienda Luis Videgaray.
El ITAM fue creado por allá en 1946 por Raúl Baillares, quien a su vez se había enriquecido trabajando, en los años 20s, para The Chase Manhattan Bank, el banco de la familia Rockefeller, ahora “fusionado” con JP Morgan.  Baillares hizo su fortuna en el negocio típico del colonialismo: La minería.
Después lo sucedió en el mando del grupo Baillares su hijo Alberto, quien también trabajo y fue directivo de Chase Manhattan,en los años 70s, cuando ese banco estaba bajo las ordenes directas de David Rockefeller.  A inspiración del banco de esa familia se creo la Fundación Cultural de los Baillares que daría origen al ITAM,  el cual esta conectado al circuito de la Universidad de Harvard, de la de Stanford y la Warthon School.  Quien estudia en alguna de esas universidades sufre un daño que casi siempre resulta irreparable.
Es educado en el dogma aristotélico de que el orden del mundo es fijo y que a ese orden fijo sólo se le pueden hacer “reparaciones”. Obviamente, en esas universidades también educan a los alumnos en los dogmas del liberalismo.
Por esa razón, de esa institución han surgido figuras radicalmente monetaristas como Francisco Gil Díaz, Agustín Carstens  o Pedro Aspe, que se dedican a la especulación financiera y sirven , directamente, a los poderes globales; pero también pueden surgir “radicales chic”, al estilo de Dennise Dresser, que promueven el “liberalismo justiciero”, es donde, supuestamente, la “competencia indispensable”,  habrá de resolver los problemas de un país como México,  tales  como la existencia de una super oligarquía de unas 33 familias que controlan al país.