Por Benjamin Castro

Barack Obama se envolvió en los documentos fundadores de la república de Estados Unidos durante la ceremonia oficial de toma de posesión en el Capitolio de EU, pero es muy difícil que haya podido engañar a muchos. Todo lo que dijo, una cosa tras otra, estaba tan divorciada de la realidad de la vida diaria de la población estadounidense, y del mundo, y de sus propias políticas de hecho, que el “compromiso” que el abrazó sonó bastante hueco.
Claramente, le aconsejaron a Obama que no usara tanto el “yo” y por lo tanto su discurso estuvo plagado del uso de “nosotros”, como si el uso de esta palabra pudiera convencer a la población de que el estaba “de nuestro lado”.
“Una década de guerra está llegando ahora a su fin” dijo, mientras enviaba hoy más aviones robot (drones) a matar “enemigos” no identificados en Yemen. “Ha empezado la recuperación económica” dijo mientras que millones de personas quedaban por fuera de la fuerza laboral y otros trataban desesperadamente de encontrar trabajo a la mitad del sueldo que solían recibir anteriormente. Típico de esta yuxtaposición es lo siguiente: “Nosotros, el pueblo, todavía creemos que cada ciudadano merece una medida básica de seguridad y dignidad. Tenemos que tomar la difícil decisión de reducir el costo de los servicios de salud y el tamaño de nuestro déficit”.
Ninguna referencia al crecimiento de la pobreza y la inseguridad alimenticia, al desplome de nuestra infraestructura vital, ni a los banqueros que nos roban en despoblado ni que reciban su merecido. Solo perogrulladas y apelaciones a la “autosuficiencia” y “reforma”, además de referencias a todos y cada uno de los temas controvertidos divisionistas del momento, como el cambio climático, los derechos de los homosexuales, energía sustentable. La verdad de la declaración de “todos los hombres fueron creados iguales” es, según Obama, “la estrella que aún nos guía; de la misma forma en que guió a nuestros antepasados pasando por Seneca Falls, Selma y Stonewall”. (El primero, donde se fundó el movimiento por los derechos de las mujeres, y el último es el escenario de los disturbios homosexuales en Nueva York en los 1960).
Mientras que Franklin D. Roosevelt dijo en su segunda toma de posesión que podía ver el sufrimiento de millones y que estaba
determinado a revertirlo, Obama habló de “nuestras” creencias en la equidad y valores.
Es una toma de posesión que nunca debió haber sucedido y, si la población estadounidense y el Congreso están a la altura de sus responsabilidades de cumplir con la Constitución, esta Presidencia va a terminar, constitucionalmente, muy pronto.