Por Benjamin Castro

Ciertamente, en el Foro Económico de Davos, Suiza que duró del 23 al 27 de enero, se presentaron dos tipos de locura junto con la impotencia reconocida de no saber que hacer frente al derrumbe de la economía mundial. La primera forma de locura fue la que presentaron los dirigentes europeos, tanto de los gobiernos como del sector privado. Todos ellos decían, en medio de sus delirios, que se necesitaban más sacrificios sobre las economías del continente para generar de nuevo el crecimiento. Por supuesto, también insistieron en que el Banco Central Europeo amplié sus facilidades para nuevas inyección de dinero a los bancos por la vía de prestárselos a los países súper endeudados. Se trata, según explicó un académico de la Universidad de Ginebra, de inyectarle otros 9 trillones y medio de euros a los insolventes bancos, cuando la deuda total de las naciones es solo la tercera parte de ésta, es decir, 3.5 trillones de euros. Los países tendrán que sacrificarse para rescatar bancos que deben tres veces más que sus gobiernos. Esa es la primera forma de locura que pululaba en Davos Suiza en el presuntuoso “Foro Económico Mundial”.
La otra locura fue la que presentaba Luis Videgaray y otros funcionarios importantes de naciones “emergentes”. Videgaray anduvo diciendo –a todo el que quisiera oírle–, que mientras el mundo se derrumbaba, en México, “en contraste”, hay una economía “muy dinámica”, con un alto crecimiento y una gran “estabilidad macroeconómica”; y que, por lo tanto, todos deberían venir a invertir a nuestro país. Para Videgaray, el mundo se seguirá hundiendo, pero México habrá de emerger dentro de esa destrucción como el país de mayor creamiento y prosperidad. Esta forma de locura no necesita explicación, es simplemente locura; infantilismo moral.