Por Juan José Mena Carrizales.

John Paul Rathbone, editor para Latinoamérica del Financial Times, en su blog The World, publicó una nota titulada “Las consecuencias de la explosión de Pemex”, donde expresa que la explosión en la Torre de Pemex puede ser utilizado como un argumento para afirmar que la paraestatal requiere abrirse a la inversión extranjera, ya que puede ser un catalizador para acelerar las reformas estructurales que busca el gobierno de Enrique Peña Nieto.

El Financial Times, no es una publicación cualquiera. Es el vocero cotidiano de la oligarquía financiera británica y no hay que olvidar que British Petroleum, es una de las principales compañías interesadas en recuperar sus viejos “intereses”, perdidos en México, luego de la expropiación de 1938, realizada por el revolucionario mexicano, el Gral. Lázaro Cárdenas del Río. PEMEX, pese a los ataques de recortes presupuestales, malos manejos y corrupción de “la larga noche neoliberal mexicana” de 30 años, es la cuarta empresa petrolera a nivel mundial.

Rathbone compara el incidente de la explosión en la Torre de Pemex para el gobierno de Enrique Peña Nieto, con el incendio en el club nocturno Kiss en Brasil, para la presidenta brasileña, Dilma Rousseff; y los tiroteos de Connecticut, para el presidente Obama, como sucesos que permitirán avanzar en las reformas a cada uno de los respectivos gobiernos.

Lo anterior nos hace recordar definitivamente “la terapia de shock”, popularizada por Milton Friedman, en la que dice que para aplicar las reformas estructurales “que son necesarias” para vencer las viejas estructuras de los “mercados cerrados” (proteccionistas), hay que aprovechar sucesos dramáticos para aplicar dichas reformas. De hecho, Naomi Klein, en su libro “La Doctrina del Shock”, denuncia que dichos “sucesos de shock”, no son esperados pacientemente por los neoliberales, sino deliberadamente, producidos y presenta el ejemplo clásico del derrocamiento y asesinato del Presidente chileno, Salvador Allende, como el precedente para la entrada de los “Chicago Boys”, que introdujeron las políticas monetaristas, la persecución de sindicatos y la privatización del cobre en Chile.

Dice Rathbone: “Aunque puede sonar insensible, estos (accidentes) pueden ayudar a acelerar los programas de reformas de Dilma Rousseff, presidente brasileño, y de Enrique Peña Nieto, su homólogo mexicano”. Prosigue diciendo que tras la explosión de Pemex, Peña Nieto puede argumentar que tanto la explosión como el declive en la producción petrolera nacional son evidencia de que la cuarta mayor compañía petrolera del mundo está en declive y requiere apertura al capital extranjero.

En este contexto, aparece una entrevista del diario mexicano, “La Jornada”, a Óscar Álvarez, miembro de la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana en los ochentas, afirmando que en el edificio donde ocurrió la explosión, no hay calderas, que es la primera hipótesis que se ha planteado como detonante de la tragedia. De hecho, el 6 de septiembre de 1982, en ese mismo lugar, ocurrió un incendio en la ciudad de México que consumió las pruebas de uno de los grandes fraudes cometidos contra el patrimonio de PEMEX, entonces dirigida por Jorge Díaz Serrano, relacionado con la compra de dos embarcaciones, los barcos Cantarell y Abkatun, una operación que a la postre terminó en un quebranto. Funcionarios involucrados en la operación, entre ellos Efrén Flores Chavarría e Ignacio de León Martínez, huyeron del país y se refugiaron, precisamente, en el Chile gobernado por Augusto Pinochet.

No sería la primera vez, que ocurre un atentado contra PEMEX, con el propósito de promover determinados interesados privados. Recordemos que de hecho, los gobiernos nacionalistas de la Revolución Mexicana, se enfrentaron a una oposición patrocinada por las petroleras, entre ellos el recientemente depuesto Partido Acción Nacional (PAN), a quien se le acusa de haber encubierto la compra de votos para que el ahora neoliberal Enrique Peña Nieto, llegara al poder.

Aún si el incidente, sólo fuera un accidente, como afirman las fuentes oficiales, el hecho es que la explosión en la Torre de PEMEX, es un evento que parece favorecer los intentos privatizadores.

Así que es probable que estemos ante un nuevo intento de “terapia de shock”, de las políticas del Fondo Monetario Internacional, para que los intereses privados trasnacionales, se queden con la renta del petróleo de México, como lo han hecho en otras regiones del mundo.