Manuel Bartlett

23 de mayo de 2013

El Plan Nacional de Desarrollo 2013 – 2018, es la “hoja de ruta… traza los objetivos y las acciones para lograrlos”; dado que Peña anunció como objetivo destacado una reforma energética, el apartado de Energía, resulta un adelanto, para sumarlo a declaraciones del Ejecutivo y colaboradores y a la desnacionalizadora “Estrategia Nacional de Energía” remitida al Congreso. ¿Hacia dónde conduce la hoja de ruta energética?
Resumimos: es indispensable satisfacer las necesidades energéticas, su escasez sería obstáculo para el desarrollo; la producción de energía primaria disminuye anualmente y el consumo crece; la extracción de petróleo ha sido superior a la capacidad de reponer reservas; el nivel de producción (2.54 millones de barriles diarios) y el volumen de exportaciones (sin cifras) al 2012, fueron las menores desde 1990. El párrafo cuarto explicita el objetivo de Peña para remediar lo anterior: “La capacidad del Estado mexicano para detonar nuevos proyectos de inversión en campos no convencionales, aguas profundas y “lutitas” (shale, en inglés) ha sido limitada y por tanto se requiere de un nuevo marco “institucional” que permita al Estado aumentar su capacidad para producir energía y asegurar el abasto”. En los siguientes párrafos se reconoce la incapacidad de producir gasolinas y petroquímicos y su ruinosa importación. En electricidad el reto, es el abastecimiento futuro.
La “hoja de ruta” es tortuosa, no reconoce que la situación negativa que describe, es resultado del saqueo de los recursos de Pemex para gasto corriente y su deliberado desmantelamiento, cuya solución lógica sería detener esta práctica. No lo reconoce, porque su objetivo, pretextando la caída de la producción, es resolverla introduciendo a las grandes petroleras a operar en México, cediéndoles parte de nuestra renta petrolera, reconocido explícitamente por el director de Pemex. Pero siendo inconstitucional, en el párrafo cuarto del Plan aportan la coartada: “La capacidad del Estado para detonar nuevos proyectos de inversión en campos no convencionales (aguas profundas y “lutitas”) ha sido limitada y por tanto se requiere un nuevo marco institucional que permita al Estado, aumentar su capacidad para producir”. Lo que significa la reforma constitucional que buscan para la invasión de las transnacionales a nuestro territorio.
Introduce Peña el tema de la explotación del shale gas, promovida como la gran revolución energética norteamericana, que con sus grandes reservas de “lutitas” ha producido excedentes de gas y que según afirmaciones de la Agencia Internacional de Energía, esta revolución puede detonarse en México, porque nos adjudica grandes reservas de “lutitas” en el norte del país, a condición de la reforma constitucional que preparan para que entren las empresas norteamericanas a esta explotación aquí. Otra de las recomendaciones de la OCDE —oráculo de Peña— para beneficiar a los extranjeros que representa.
Agita Peña Nieto esta fantasía del gas shale, ocultando que en EU se ha demostrado que lejos de ser una revolución que haga a Norteamérica autosuficiente en energía y exportadora, ha sido una especulación financiera con enormes pérdidas para productores, no para Wall Street; se ha probado además la rápida declinación de estos pozos; ocultan también que nuestras supuestas reservas de “lutitas” no han sido probadas, que esa explotación requiere enormes cantidades de agua —que no tenemos en el norte— para fracturar las rocas con químicos que contaminan los mantos freáticos, con desastres ecológicos visibles en EU.
El shale gas es el nuevo garlito como lo fue para impulsar la reforma antinacional del 2008, el “tesorito en el mar” que después de 15 años no ha generado un solo barril, pero sí billones de dólares para los contratistas extranjeros. La ruta de Peña pretende llevarnos al sometimiento de la industria petrolera a los intereses extranjeros.

Senador de la república