Por Sergio Barbosa

4 de octubre de 2015

“No va a ser Televisa, ni Multimedios ni ningún medio, vamos a trabajar con los

ciudadanos de Nuevo León“, de esta manera días después de la elección en

donde resultó triunfador, el ahora gobernador de Nuevo León Jaime Rodríguez

Calderón “El Bronco”, le espetó en directo y en cadena nacional al periodista de

Televisa Carlos Loret de Mola, a pregunta de éste acerca de “quien va gobernar

detrás del Bronco”, insinuando que detrás de su triunfo existen intereses

económicos “dos o tres empresarios regios, el periódico el Norte (Grupo

Reforma)”, lo que motivó la airada contestación del primer candidato

“independiente” que llega a una gubernatura de un estado en la historia del país.

El anterior detalle, por gracioso y bochornoso que pudiera parecer, no debe pasar

desapercibido para todo aquél que siguió con detenimiento la campaña y el triunfo

de Rodríguez Calderón.

No debe pasar desapercibida la insinuación principalmente por una poderosa

razón: a Loret de Mola, una de las estrellas de Televisa, se le podría tachar de

parcial y malintencionado, pero nunca de mal informado. La empresa a la cual

sirve se ha convertido en un enorme centro de espionaje, con relaciones en las

más altas esferas del poder, incluso hasta llegar al grado de entremezclarse con la

clase política para la elaboración de proyectos de alto nivel, cuyo ejemplo

sobresaliente fue la campaña de Peña Nieto, la cual fue dirigida, confeccionada e

instrumentada por la televisora. Por dicha razón, la presunción de Loret de Mola

acerca de “los dos o tres empresarios” que supuestamente están detrás de “El

Bronco” cobra relevancia.

No es secreto que, detrás del apoyo a Jaime Rodríguez, se encuentra una

significativa parte de la cúpula industrial de Nuevo León, sobra decirlo, una de las

más poderosas del país, y que dicho apoyo tiene que ver más bien con un

hartazgo que motivó un rompimiento, o sino tal extremo, sí el inicio de una

“fractura del régimen” que actualmente ostenta el poder, ya que dichas élites están

muy descontentas, no tanto con la administración del saliente gobernador Rodrigo

Medina, sino con la conducción misma de la política económica del gobierno de

Videgaray y Peña Nieto.

Las riendas del poder en el país no están en manos de esa cúpula de industriales

nacionales (que no nacionalistas), sino en manos de un grupo compacto llamado

“los tecnócratas” (un símil o equivalente al grupo de los “científicos” del Porfiriato)

quienes han controlado las decisiones políticas fundamentales particularmente el

aspecto financiero-monetario de los sucesivos gobiernos desde De la Madrid, el

de Carlos Salinas, y así hasta el actual de Peña Nieto. Esta cúpula “tecnocrática”,

obedece a intereses supranacionales, particularmente intereses no-productivos,

sino especulativos, quienes ostentan el poder financiero, ya sea en la forma de

tenedores de bonos, bancos y agencias financieras poderosas, casas de bolsas,

calificadoras, etc. en el país. Así mismo, tienen centralizado el poder y sólo lo

comparten con miembros de ese “grupo compacto”, que en este caso, son las

televisoras y uno que otro empresario perteneciente al núcleo principal del

régimen; aquellos quienes han hecho dinero al amparo del poder, y quienes tienen

en los políticos a fieles amigos y comparsas que defienden y acrecientan sus

desmedidos intereses.

Por dicha razón, es lógico suponer que el descontento que priva entre los

industriales del norte y occidente del país, es producto de la centralización del

poder económico, y de la pronunciada caída de la industria nacional, y se

manifestó indirectamente en el apoyo que éstos dieron a Jaime Rodríguez

contrariando el proyecto central, el cual consistía en imponer por medio del PRI o

del PAN a dos políticos domesticados, vasallos del grupo en el poder cuyos

nombres ni siquiera merecen ocupar espacio en estas líneas.

El otro factor determinante en el triunfo del “Bronco” fue la capitalización,

consciente o no por su parte, del enorme fermento político que surgió en Nuevo

León al cual en una entrevista para el diario El País, se atrevió a calificar como “la

primavera mexicana que, bendito Dios, yo inicié”1. Tal vez sin saber, ni tener

conocimiento de la doctrina de “revoluciones no violentas” del famoso politólogo

estadunidense Gene Sharp, Jaime Rodríguez simplemente catalizó el descontento

popular, el cual le otorgó un voto no racional “anti sistémico” que obedece más

bien a la lógica de lo que los estudiosos del marketing político denominan “la

dimensión erótica del poder”, fenómeno recurrente entre los caudillos populares en

países latinoamericanos como México, en donde las masas se ven atraídas por

tales figuras que promueven “el mito del cambio”, brindándoles así su apoyo y

confianza.

Cualquiera que haya sido la forma en que “El Bronco” llegó al poder, ya sea por

inconformidad en las élites, o bien una auténtica rebelión de las masas, lo hace un

fenómeno inquietante, que le da una nueva dimensión a la política nacional,

rompiendo esquemas clásicos y volviendo aún más interesante el camino al 2018.

En próximos días y meses sabremos la respuesta.
1 http://internacional.elpais.com/internacional/2015/06/09/actualidad/1433815131_226024.html