Por Benjamín Castro
El presidente francés Françoise Hollande, está ante una grave decisión: Responder a la provocación terrorista como está previsto, es decir, con medidas de militarización y una guerra contra Irak y Siria vestida de ataques al Estado Islámico de Irak y Siria (EIIS), o buscar una salida más inteligente como la de unirse al frente de naciones que en esa región combaten al EIIS como son el propio Irak, Irán, Siria naciones que además tienen el apoyo de Rusia y China. Esta última medida o curso de acción salvaría a Francia de una guerra de desgate y de un clima de terror dentro de Francia y de una probable ola de xenofobia en contra de los migrantes árabes arrojados de sus países por el EIIS y por la miseria. Desearíamos que Hollande tenga la suficiente inteligencia y mesura para optar por un acuerdo con otras naciones para combatir al EIIS y no una reacción “con el hígado” como decimos acá en México. La lucha contra el EIIS no es en alianza con los Estados Unidos puesto que ya se ha documentado mucho que el gobierno de ese país, el del presidente Barak Obama, esta aliado a Al Qaeda, la organización madre del EIIS, y con el propio EIIS por la vía de los gobiernos de Qatar y de Arabia Saudita. La perspectiva de los gobiernos de Siria, Irán, Irak y Rusia, con el apoyo de China es muy diferente a la mera guerra o las acciones militares. Su proyecto de pacificación incluye desarrollo económico, grandes proyectos conjuntos de infraestructura como la Ruta de la Seda que es la política oficial del gobierno de China para “integrar” a las naciones que van desde el mar de China hasta el Báltico y el mal de Norte y el Atlántico. Por esa ruta debe de irse Francia. El hígado no es buen consejero. Hollande debería buscar en la personalidad y el ejemplo del General Charles de Gaulle, la inspiración y el ejemplo a seguir en este momento, sobre todo porque ambos personajes enfrentan una amenaza similar; De Gaulle a los nazis y Hollande al EIIS.

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