Por Juan José Mena Carrizales

Muchos escritores de la revistas Proceso exhiben sus proclividades jesuitas, anti-Estado. A veces parece que son “pro-derechos humanos”, porque eso sirve como campaña contra “El Estado”. (Acuérdense de aquel lema famoso de “Fue el Estado”). Proceso no tiene en toda su historia de existencia un artículo que critique al FMI. (No lo he hallado, si alguien me lo muestra, le agradezco).

Es lo que en Harvard llaman “mexicanología”, explicar lo que pasa en México como temas locales de “corruptos”, “caciques”, “autoritarismo”. El papel de los jesuitas es decir: “todos son iguales”, para que aparezcan tontos útiles como Marcos, Javier Sicilia o Dresser y esterilizar a los que podrían representar una oposición real para que terminan en “mesas de negociación” con SEGOB, pero sin cuestionar al sistema económico en su conjunto. Así, desde esta postura histórica, Proceso, por ejemplo, atacará de corruptos a los Moreira, pero nunca hablará de los bancos que endeudaron a Coahuila.

Esa es la trampa de Proceso, no habla del cambio de modelo económico. La Justicia no es fusilar 30 potentados que desgraciaron al país, sino cambiar un modelo económico que tiene a millones en la tragedia.

Históricamente cuando surge un movimiento nacionalista o soberanista, las operaciones de los agentes del Departamento de Estado, pero sobre todo de la Embajada Británica es levantar un movimiento ultra, que puede ser de izquierda o de derecha, como los cristeros que se levantaron contra Calles, porque venía el debate sobre qué hacer con el petróleo.

AMLO sabe que la COPARMEX, CCE, son golpistas, por eso evade cualquier confrontación con ellos (las amenazas de supuestamente no pagar impuestos traen implícitamente el mensaje de desconocer al gobierno).

Pero si se quiere un ejemplo de a lo que lleva la confrontación y la polarización, ahí está el caso de Colombia, de cómo va saliendo de la guerra civil. 

No se trata de ser “tibio” o “radical”. Se trata de garantizar la transición pacífica del gobierno para poder revertir las reformas.

La maniobra por la cual AMLO para muchos se volvió “tibio”, en su discurso de apoyo de la CNTE, sirvió para que los ataques de la extrema derecha (Mexicanos Primero, Claudio X. González, CCE, COPARMEX), se lanzaran al ataque contra Peña Nieto, mientras AMLO sigue en su papel de conciliador y pacificador de un país ya con demasiados muertos y desaparecidos.

Es un problema que supuestos analistas políticos y gente apasionada por transformar este país, no se dé cuenta de cuando AMLO elabora un discurso, no para las masas oprimidas, sino para las élites que son las que verdaderamente mandan en México.

Es un asunto delicado el que intenta AMLO y más delicado que no se entienda que AMLO ha transitado por todas las vías, incluyendo la radical, que incluye que haya sido víctima de la represión brutal en su juventud cuando tomó campos petroleros. Cuando elige la vía pacífica y conciliadora, como Madero cuando eligió la vía electoral, no busca legitimar a un mal gobierno, sino, por la profunda madurez filosófica que le ha dado una vida de lucha, busca agotar todas las vías antes de caer en el encono.

La decisión que tome la élite no depende obviamente de AMLO, sin embargo si optan por continuar el desastroso modelo neocolonialista, neoporfirista o neoliberal, por medio de su cerrazón brindarán la legitimidad a un movimiento nacionalista para ulteriores acciones ante un pueblo mexicano que aún no está movilizado.

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