Por Juan José Mena Carrizales

La cuestión de la soberanía crediticia o el dirigismo económico que Roosevelt, White y Morgenthau defendieron es que se invierte en los sectores productivos que son necesarios para satisfacer demandas de la población, no solo se inyecta dinero a la economía para estimular la demanda como propone Keynes; sino se decide primero a dónde se dirige ese crédito.

Esa es la diferencia fundamental entre el Sistema Americano de Roosevelt y el modelo británico que propuso Keynes en las célebres conferencias del Bretton Woods.

Keynes no específica que se deba invertir en el sector productivo, sino en la demanda, o sea en el consumidor. El sistema americano especifica que es en el sector productivo es donde debe ser llevado a cabo dicha inversión.

Es una cuestión que genera efectos diferentes. Y es lamentable que la literatura económica que circula en Latinoamérica no hace la distinción. Dicen que Roosevelt es keynesiano; cuando en realidad hablamos de modelos que en el detalle se diferencian radicalmente.

Es como si un doctor dice: ese hombre está enfermo, inyéctenle medicinas (sin importar cuál, lo que requiere es muchas medicinas). Es inyectar dinero solo entregándoselo al consumidor. En cambio otro médico dice: “No, el medicamento que se requiere es el que va a estimular determinadas respuestas en el organismo”, siendo específico.

En el modelo de Roosevelt, se eligen las industrias que generan bienes tangibles (producción física e infraestructura) y servicios esenciales (educación, salud) para ser beneficiarias del crédito. La economía se orienta o dirige.

Tiene que ver con el ABC de la formación de capital. Los tres factores (capital o mejor bienes de capital, tierra o recursos y fuerza productiva) son interdependientes o multiconexos.

La producción de bienes de capital dependen de cierto grado de “ocio” en la fuerza de trabajo, estudiantes, investigadores, científicos que modifican la forma de producción, es decir descubren principios físicos que son incorporados a la producción.

La máquina de vapor, la electricidad, etc., elevan la productividad per cápita y por km2, generando “ocio”, pero ese ocio, no es ocioso, es lo que se requiere para seguir aumentando la productividad.

Para Marx una máquina reemplazaba mano de obra y era perjudicial. No es así, una máquina genera nuevos sectores económicos, por ejemplo para darle mantenimiento a la máquina.

Es como el caso del llamado “bono demográfico de México”. Jóvenes sin empleo parecieran un estorbo, cuando son un potencial si les pusiera en las universidades a generar ciencia básica y aplicada.

Desde la perspectiva del libre mercado, el desempleo simplemente está ahí como un potencial competitivo, pero en realidad desperdiciado. Desde la visión del dirigismo, simplemente hay que desencadenar el factor más importante de la economía con acciones de intervención estatal como educación y fomento al empleo: la creatividad humana.

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